La carta anual de la señora Olvido


La carta anual de la señora Olvido

 

 

El primer rayo de sol, todavía frío, atravesó la persiana reventada por el granizo años atrás, para dibujar una medalla de luz en la pared de la alcoba, junto a un Sagrado Corazón. Para entonces la señora Olvido, bajo la colcha y la manta, ya había completado dos rosarios.

Al clarear, lo primero que vio entre el bosque de puntales fue el vestido que se pondría esa mañana, preparado en una percha fuera del armario, para que se orease del tufo a humedad con que se impregnaba toda la ropa. Debía de haber una fuga de una cañería tras la pared desde hacía siglos.

El piso, al igual que el resto de la finca, estaba sostenido por puntales de obra. Un día llegó una cuadrilla de operarios del ayuntamiento y los instalaron por todas partes para acabar con los crujidos del forjado y con los desprendimientos de grandes placas de yeso. Los que sobraron también fueron instalados «por mayor seguridad» en el piso de la señora Olvido, sin importarles que los armarios no se pudiesen abrir o que quedasen precisamente junto a la ventana donde ella se instalaba para coser porque, al ser la única que no daba a un patinillo interior, tenía algo de luz. Un señor con traje le dio un papel y le dijo que se tenía que marchar del edificio.  De eso hacía más de quince años. Casi todos los vecinos se fueron muriendo o se marcharon y nadie volvió por allí a interesarse por los que quedaron.

La señora Olvido se levantó algo más temprano esa mañana. Se echó una toca de punto calado color nazareno sobre los hombros y se dirigió a la cocina.  Hacía varios lustros que el suministro de gas canalizado había sido cortado en todo el edificio debido al riesgo de fugas. Con la ayuda de un infiernillo portátil, calentó un poco de leche en la que hizo sopas con las sobras del pan. Le quedaba un minúsculo cuadrado de tocino que había reservado para ese día. Lo pinchó en un tenedor y, tras chamuscarlo directamente sobre la llama para que sudase un poco, lo untó en un mendrugo de pan algo menos duro y lo saboreó con contenida fruición.

La señora Olvido llenó una palangana hasta la mitad con agua fría y puso una olla, también con agua, en el fuego. Mientras esperaba a que el agua hirviese, aprovechó para rezar el tercer rosario. No le dio tiempo de acabar el cuarto misterio y lo dejó para más tarde. Luego vertió la olla en la palangana para conseguir agua tibia y, con una esponja y un trocito de jabón, aseó su cuerpo lo mejor que pudo. Un cuerpo liviano como una pluma y arrugado como el cuello de una tortuga.

La artrosis y el reuma habían reducido su movilidad al mínimo. Se movía por su casa de forma paulatina, con movimientos de koala o de camaleón, agarrándose a cada puntal; cada molestia, cada dolor, le recordaba la herrumbre de la articulación que utilizaba.

La señora Olvido dobló el camisón, lo dejó sobre la cama y se puso el vestido gris de tergal que todavía no tenía los dobladillos demasiado gastados. Por suerte tenía aquel collar, a juego con los pendientes, por el que no habían querido darle nada en la casa de empeños por ser bisutería pasada de moda. No importaba; ella se sentía más guapa con ellos puestos.

Su pelo no estaba mal. Se había lavado la cabeza el día anterior, se había peinado y había dormido con una redecilla. Durante toda la noche tuvo cuidado de no deshacer mucho su peinado: no fue difícil, ya casi no dormía. Solo tenía que retocarlo y fijarlo con un poco de laca. No quedaba laca: el resto del bote lo había gastado confundiéndolo con veneno mata-cucarachas. Solo consiguió cucarachas más fuertes y lustrosas y un suelo algo pegajoso que no parecía afectarles a ellas. Del interior de una vieja manopla, sacó una punta de lápiz graso, demasiado negro, de no más de dos centímetros de longitud. Con pulso inseguro, dibujó dos finos arcos cerca de donde un día estuvieron sus cejas. Eran dos cejas de muñeca o de dibujo infantil, que recordaban más al pictograma de unas cejas que a una aproximación anatómica.

El cartero pasaba cada mañana a las nueve. Todavía tenía tiempo de limpiar el polvo, pero lo dejaría para más tarde; no quería desmejorar su aspecto un día como aquel. Se sentó en la cocina a acabar el rosario que había dejado a medias.

No había faltado nunca. Ni un solo año le había fallado aquel caballero tan atento.

A las ocho y media empezó a bajar los cinco pisos despacito, escalón por escalón, primero un pie y después el otro, bien agarrada a la barandilla con ambas manos. Tenía tiempo, el cartero nunca aparecía antes de las nueve.

No tenía buzón, no lo necesitaba porque nunca recibía correo aparte de aquella carta de felicitación el día de su cumpleaños. Siempre llegaba puntual desde hacía años, desde que su marido vivía y se veía obligada a ocultárselas.

Nunca lo había visto en persona, era nada menos que el director, no sabía en qué momento se fijó en ella, pero él seguía enviándole cada día de su cumpleaños aquella felicitación tan atenta. Ya tenía más de veinte, ordenadas por años, en una caja de zapatos. «Ya no quedan hombres así» ―pensaba la señora Olvido.

No llegó a salir a la calle. No sería bien visto que una señora sola esperase fuera. Se quedó tras la puerta, junto a los buzones. En su boca se dibujaba una sonrisa beata y confitada. Como cada año, le dio la impresión de que los minutos se alargaban hasta parecer horas. El cartero acabó por entrar; era un hombre joven, no el mismo del año anterior. Sacó un único sobre de su cartera y, tras comprobar que el nombre del destinatario no coincidía con ninguna de las etiquetas de los buzones que aún permanecían legibles, acabó por dejarlo en el poyete de obra que había bajo los casilleros. Luego se marchó sin reparar en la señora que con ojos brillantes le observaba desde la sombra, tras la selva de puntales.

Ya sola, fue a recoger su tesoro. El corazón de la señora Olvido latía con el contenido desenfreno que su cuerpo cansado le permitía. Esperaría; no la abriría allí mismo. Subiría a su casa, se sentaría en la cocina y retrasaría un poco el momento de abrirla. Sabía lo que ponía, cada año era igual. No podría reconocer todas las letras pero si las comparaba veía que eran iguales que aquella primera que recibiera hace tantos años y que le leyó una vecina dejándola en un estado de desazón y rubor que todavía recordaba. Dejaría la tarjeta bajo su almohada durante unos días y luego la guardaría junto a las otras en la caja de zapatos, con una bolita de naftalina para que no se las comiesen las polillas.

La señora Olvido tuvo que descansar un ratito para recuperar el resuello al final de cada tramo de escalera. Retenía su impaciencia alargando el momento de placer: estaba disfrutando de aquello, llevaba semanas esperando; no todos los días había una ocasión para ponerse guapa. Se sentía privilegiada por recibir una carta así el día de su cumpleaños. Y eso que ya ni recordaba la última vez que compró allí, sin duda hubo de ser con su marido vivo. ¡Qué caballero debía ser! ¡Qué atento, qué fidelidad inquebrantable! ¡Y haberse fijado precisamente en ella! ¡Todo un director del Corte Inglés!

 

 

En abril de 2015, fue elegido relato ganador en el IX Certamen de narrativa Hoguera Plaza Maisonnave de Sant Joan d’Alacant al que concurrieron 130 relatos participantes.

Ver noticia

 

20150411_202026

Anuncios

31 comentarios sobre “La carta anual de la señora Olvido

  1. Mis más humildes felicitaciones.

    ¡Qué maravilla de relato!

    Poco a poco nos vamos adentrando en el hogar de la señora Olvido (la casa tan olvidada como su nombre), incluso el primer rayo de sol que entra por esa ventana es frío… Luego vamos conociéndola a ella; toda la narración transcurre con una sensibilidad y un ritmo exquisitos. Y en el momento en que está a punto de llegar el cartero, y la reumática señora Olvido ha de bajar cinco pisos, se detiene el tiempo, para la señora y para nosotros, quienes estamos leyendo… ¿Por qué será tan importante aquella carta? ¿La carta de un antiguo amor, de un amante?…

    El desenlace final es tan inesperado como excelente. Para la señora Olvido, que alguien se acuerde de ella el día de su cumpleaños es el mejor regalo del mundo… ¡Qué personaje tan entrañable! Triste, sola, anciana e ingenua, pero un día al año es feliz.

    Me ha encantado

  2. El cuento me ha dejado encantao. Y para no entrar en el mundo de las adulaciones e intentar indagar un poco en las pequeñas maravillas que contiene, hablaré de varios párrafos que me resultaron magistrales.

    el resto del bote lo había gastado confundiéndolo con veneno mata-cucarachas. Sólo consiguió cucarachas más fuertes y lustrosas y un suelo algo pegajoso que no parecía afectarles a ellas.
    En este párrafo consigues describir con un cierto aire de comicidad y ternura esa casa, cómo vive ella en su casa. Además consigues caracterizar muy bien a esa anciana con sus despistes, defectos en la visión.

    No tenía buzón, no lo necesitaba porque nunca recibía correo aparte de aquella carta de felicitación el día de su cumpleaños. Siempre llegaba puntual desde hacía años, desde que su marido vivía y se veía obligada a ocultárselas.
    Este otro párrafo se me pasó en la lectura inicial, pero releyendo la historia me doy cuenta de la importancia que tiene para que la trama tenga sentido, cometer por parte de ella aquella “pequeña infidelidad”

    Como cada año, le dio la impresión de que los minutos se alargaban hasta parecer horas.
    Aquí, en estas líneas, nos retratas muy bien la emoción que embarga a esa señora.
    Luego se marchó sin reparar en la señora que con ojos brillantes le observaba desde la sombra, tras la selva de puntales.
    Y cuando hablas de “ojos brillantes”, seguimos percibiendo con sutilidad, la emoción rebosante en el corazón de Olvido.
    La señora Olvido tuvo que descansar un ratito para recuperar el resuello al final de cada tramo de escalera.
    Muy buen detalle. Hemos de tener, pero que muy claro que el personaje es una anciana, que le cuesta caminar, respirar…

    Y por último felicitarte por la intencionada elección del nombre: “Olvido”. Sin él, la historia no habría encajado con tanta perfección.
    La única gran duda que me queda es la calificación del relato: ¿romántico, tierno, humor sutil, intimista?
    Está muy bien escrito. Un abrazo

  3. Lindísimo relato, una vez al año es feliz esta señora, con cuanta emoción se nota que espera esta fecha, increible como podemos sobrevivir de estos pequeños detalles, que bien detallado te quedó el entorno en que vive y como concuerda con su apellido

  4. Tenés habilidad para descrbrir minuciosamente los detalles, pero sin caer en el vicio de que se pierda el hilo del relato con eso.

    Me gustó, aunque debo reconocerte que el final me ha dado mucha pena.

    Sí, al final soy una romántica.

    Saludos.

    1. Muchas gracias, amigos Fobio y Reche por leer el relato y comentar. Tengo una duda sobre la “universalidad” de este texto que tal vez me podáis aclarar:
      En España todo el mundo sabe que El Corte Inglés” son unos grandes almacenes que están en todas las grandes ciudades y que desde hace muchos años envían cartas personalizadas por cumpleaños y Navidad a todos los clientes de su base de datos.
      Es lo que yo llamo la personalización mal entendida.
      En América latina no se tiene por qué conocer ésta práctica de una empresa española. ¿Cómo influye esto en la comprensión del texto?
      Gracias
      Antonio

  5. Jajajajajajajajaja! Mas sabe el Diablo por viejo que por diablo.

    Hace unas horas lei tu texto y llegue a una conclusion. Me fui a comer unos tacos mexicanos despues de haberte leido y, mientras comia, llegue a esta conclusion: Si el Corte Ingles son unos almacenes de prestigio en la Madre Patria, lo mas probable es que esos almacenes cada fin de año o en ciertas fechas, manden una carta de agradecimiento a sus clientes.

    Conozco el Corte Ingles porque casi unicamente veo canales de Television de España. Desde los documentales de la Dos hasta al Gran Wyoming o Buenafuente en la Sexta pero no sabia de esa costumbre del Corte Ingles y francamente, al no saber lo de las cartas anuales, tu relato no me cuadraba y bueno, entonces supuse que quizas la anciana recibia tales cartas anuales pensando que eran escritas unica y exclusivamente para ella. Solamente asi la historia tendria razon de ser.

    Por otro lado, me parece una historia perfectamente narrada, es evidente que llevas ya mucho tiempo escribiendo. Solamente te hare una observacion, casi al inicio de la historia escribiste:”Debía haber una fuga de una cañería tras la pared desde hacía siglos”. La reiteracion que haces de la palabra “una” en esa frase se me hace molesta, yo escribiria esa frase asi:”Debía haber una fuga en la cañería tras la pared desde hacía siglos”.

    Fuera de esta observacion y despues de tu oportuna aclaracion, me parece un escrito excelente.

    Saludos con olor a azufre desde Los Angeles, California.

    P.D. Si algun dia ves a Jordi Evole por las calles de España, saludale de mi parte, hace un gran trabajo periodistico. Le apodan “El Follonero”.

  6. Efectivamente, en Buenos Aires son muchas las empresas que usan este método(cliente-amigo) y no son pocos los clientes que disfrutan con la deferencia. Pinturerías Rex, me lo envía desde hace años. En un principio, también venía con una orden para retirar un presente en la sucursal más cercana al domicilio.
    Un saludo.

  7. Me ha encantado el relato y no me fue difícil imaginar ese edificio apuntalado.Una bonita historia de amor, que al leerla, me viene a la cabeza una canción de Pablo Milanés, ” Yolanda “.La señora Olvido, una vez al año, se acicala para recibir su carta de amor;ella es feliz con esos escasos momentos.Un saludo desde el sur.

  8. Disfruté con tu relato. Buena ambientación y sensibilidad para describir a un personaje popular con delicadeza que causa simpatía hacia el personaje, sin caer en lo populachero vulgar,como les pasa a algunos cuando tratan aspectos de gente humilde que vive en condiciones penosas.Tu descripción minuciosa nos hace ver el deterioro de la vivienda y de la situación, pero lo haces sin aspavientos, con serenidad, sin griterío.

    Excelente.

    Saludos.

  9. Excelente relato.Muy bien descrito el ambiente y degradación del entorno del personaje. Lo haces con profunda sobriedad, lo que concentra la atención del lector en la trama.

    Saludos.

  10. Buen relato.Trasmites bien el deterioro del edificio y las condiciones de pobreza en que vive esa señora; y lo haces con buen estilo y sensibilidad, lo que me lleva a empatizar con el personaje de la señora.

    Eso es saber narrar; sin griterío, pero con el lenguaje ajustado a la realidad que describes.

    Mi felicitación.

    Saludos

  11. No sé si seguirte leyendo, llevo 4 relatos y ya has logrado hacerme llorar. Y eso que lo que yo estaba acostumbrado era a lo contrario, a que me hicieras reir a carcajadas desde que leí tu diario de viaje por Europa, que escribías mientras íbas en aquellos vagones de segunda por Italia o Francia, allá por el año 1.983 u 84.

  12. Todo un detalle por parte del Corte Inglés.

    Pero bueno ¡Que más da! la señora Olvido esperaba esa carta con ansiedad y no tiene demasiada importancia si el director no sabe que existe. Puro formalismo.

    La narración es excelente, también la ambientación y el lenguaje precioso y preciso.
    Los nombres son tan importantes…, yo tengo por ahí una puta que se llama Casta y un mendigo mal recibido en todos lados al que bauticé Bienvenido. Mi negra Magdalena lavó el cuerpo de Juan cuando lo encontró enfermo. Sí, los nombres son importantes.
    Y la manera de contarlo también…

    Felicidades.

  13. ¡Me encanta este relato, Antonio! Ya lo leí en el otro foro y, de entre tus trabajos, es de mis preferidísimos. Bueno, también he de decir que aún no he leído todos

    Tal vez me gusta tanto, además de estar excelentemente narrado, por la ternura que destila la protagonista. El personaje de la señora Olvido, para mí, es de una ternura exquisita; deliciosamente cándida, excepcionalmente fuerte y, a la vez, tan soñadora y llena de ilusión, ¡qué historia tan entrañable! Cada vez que la leo me alegra el corazón Me pregunto si te inspiraste en una señora Olvido real…

    ¡Club de fans de la señora Olvido!

    Gracias por hacer el foro un poco más grande con tus trabajos, que son de lujo

  14. Me ha recordado el ramito de violetas que cantaba Cecilia, aunque la ambientación tuya sea bien distinta y dé una luz especial a una vida por demás bastante arruinada.

  15. Muy bonito Antonio. Tus descripciones, me hacen acompañar a la señora Olvido a recoger su amorosa carta anual y sentir su emoción.

  16. Conmovedor. Facil lectura, me gustó mucho Casi, casi que he bajado y subido las escaleras con Olvido.Gracias por tan bonito texto.

  17. Me gusta tu estilo, porque siempre sale un gran relato de cualquier asunto que a simple vista no parece demasiado importante. Aunque esta vez el asunto lo es y mucho, es la carta que un caballero, atento y considerado, envía cada año a esta anciana olvidada con motivo de su cumpleaños. Que el caballero no conozca ni entienda esta pasión que levanta es lo de menos, lo importante de verás es que esa carta, impersonal, proporciona una gran felicidad a doña Olvido, creyéndose adorada y pensada. Conmovedor y entrañable relato.
    Por cierto, ojalá que doña Olvido nunca sepa la verdad.

  18. Una lectura la mar de placentera. El texto va fluyendo ya desde el arranque inicial. Y el título es muy sugerente. Te felicito

  19. Realmente emotivo y tierno. Mira que cuando he leído la palabra “director” me he imaginado que se trataba precisamente de esa carta… será porque a mi también me hacía ilusión recibirla, je je je. Pero aún así he leído con deleite el resto del texto. Describes tan bien el ambiente y a la protagonista que por un rato me he trasladado a la casa semirruinosa de mis tías en pleno centro de Madrid. Muy bueno, sí señor.
    Un saludo y suerte.

Responder a Nenueshaydee52 (AL) Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s