Mascotas


 

 

Existe un ácaro microscópico, el Demodex brevis, que vive en el interior de los poros de tu rostro.

Es un artrópodo; un primo pequeño de las garrapatas. Un bicho repugnante que tiene cuerpo de babosa y cuatro patitas a cada lado de la cabeza. Se esconden durante el día pero, durante la noche, mientras duermes, salen de su madriguera y se dan un paseo por tu cara.

Deambulan bajo tus párpados, sobre tus mejillas y, desde los bordes de tus labios, se asoman al abismo de tu boca y se dan un baño de vapor con tu halitosis nocturna. Hay cientos de ellos en tu cara, todo un poblado. Si te lavas poco, pueden llegar a ser miles. Les encantan las pestañas; juegan con ellas como si fuesen bailarinas de striptease en una barra americana.

Aprovechan la tranquilidad de la noche para aparearse sobre tu rostro. Copulan como locos; practican el incesto, el canibalismo sexual y el fratricidio. Cuando están satisfechos, entran de nuevo en sus agujeros y se atiborran de comida que succionan de tus glándulas sebáceas a través de una aguja retráctil. Luego duermen boca arriba con el estómago lleno y para entonces tú te despiertas.

Esos cabrones no tienen ano. Lo hacen aposta. Acumulan toda la materia fecal en el abdomen, que se hincha como un balón de rugby hasta que acaba por estallar, dejando su territorio hecho un barrizal sobre tu rostro. Entonces sus camaradas se abalanzan sobre la bullanga de mierda putrefacta y de fragmentos de cadáver, para chapotear dentro y ver lo que pueden pillar; les da igual si es comida o fornicio.

Por la mañana suena el despertador. Desayunas, te duchas y te lavas los dientes como si eso bastase; te vistes, te vas al trabajo, y no te has enterado de nada.

¡Han hecho picnic en tu cara! ¡Cientos de ellos! ¡Mientras duermes!

Primero una orgía y luego un puto picnic, y lo han dejado todo hecho un barrizal. Y tú durmiendo. Y cuando te vas a trabajar llevas la cara embadurnada con los restos del festín: sangre de ácaro, excrementos, esperma de ácaros, cadáveres medio devorados por sus hermanos y vete a saber qué más.

Cuando saludas con dos besos en las mejillas a tu compañera de oficina, intercambiáis todo ese lodazal inmundo sin daros cuenta de la barbaridad que cometéis.

Y en el fondo de tus poros, en el pozo cálido y oscuro donde nadie puede verlos, los ácaros adultos, los promiscuos, los facinerosos, ocultan docenas de huevos donde ácaros nonatos engendrados durante la noche maduran con rapidez para poder eclosionar a tiempo para la fiesta de la noche siguiente.

Todo eso pasa en tu cara y tú ni te enteras.

Conmigo lo intentaron, pero no pudieron. Yo soy de los que no se rinden.

Reconozco que no me salió gratis. Ahora estoy en urgencias, esperando a que me trasladen a la unidad de quemados. No me reconozco si me miro en el espejo. Tengo quemaduras de segundo y de tercer grado por toda la superficie de la cara.

Duele mucho.

No puedo cerrar los ojos: ya no tengo párpados. Mi nariz es una costra negra que rodea dos agujeros húmedos a través de los que respiro. Tengo el rostro deformado, sin cejas ni pestañas. La piel de mi cara se desprende a jirones o está cubierta de llagas purulentas, pero una cosa es segura: si mi cara no resistió la acción abrasiva del salfumán, los malditos ácaros tampoco.

Que se jodan.

 

 

Este relato obtuvo el premio de XXVII Certamen Universitario de Relato Breve 2019 de la Universidad del País Vasco

 

Anuncios

2 comentarios sobre “Mascotas

Tanto si te ha gustado como si no, sería estupendo que lo compartieses

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s