La ley de los similares

La ley de los similares es la primera novela de Antonio Tocornal, fruto de dos años de trabajo.

Fue publicada en 2013 y actualmente está descatalogada. El autor conserva, no obstante, algunos ejemplares.

Si alguien desea adquirir uno, puede ponerse en contacto con él por correo electrónico: tocornalantonio@gmail.com

15 €. Envío gratis a la península.

 portada LA LEY DE LOS SIMILARES2

 

SINOPSIS

 

«Bernabé, tontolculo», «Tu problema es que siempre has sido un pusilánime». Bernabé Bermúdez es un alto funcionario de un ministerio; sin embargo, bajo la aparente proyección de una imagen de poder, el protagonista carece de carácter e iniciativa para ser respetado, incluso, por sí mismo. Menospreciado por sus amigos y su familia, este antihéroe urbano decide tomar cartas en el asunto y emprender la aventura de un cambio vital antes de que sea demasiado tarde.

El conformismo de la juventud; la caducidad de la capacidad de seducción; los medios de comunicación como propagadores de prejuicios; el boom del ladrillo; la crisis de las ideologías; la prostitución como ocio; el simulacro de vida que proporciona Internet; la sórdida sexualidad de los perdedores; y, sobre todo, la soledad como suerte ineludible, son protagonistas igualmente retratados a través de la docena de personajes secundarios que presentan, a lo largo de la novela, su catálogo de miserias y debilidades.

La ley de los similares es una radiografía clarividente de la generación que creció durante la transición española; un drama agridulce con personajes cercanos, espiados en su intimidad, y relatada con grandes dosis de ironía y de humor. Una novela inteligente que despliega la rara habilidad de provocar en el lector la más profunda de las reflexiones y rubricarla con una sonora carcajada.

 

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14 comentarios sobre “La ley de los similares

  1. Tener la oportunidad de leer un libro como “La ley de los similares” me ha producido un desconcertante doble efecto.

    Por un lado, la satisfacción de bucear en una narración que, sin esos grandes artificios tan de moda hoy en día, te va llevando de la mano hacia un final que no quieres que llegue nunca, inmerso en las vidas ricas y detalladas de cada personaje. Finalizar la novela es como despedir a un viejo amigo en una estación de tren; cuando ves alejarse los vagones recuerdas los momentos pasados y se te queda esa sonrisa soñadora tan característica de los que disfrutamos con las buenas historias.

    Por otro, y desde mi faceta de escritor, no puede dejar de darme envidia encontrar en otro ese punto de genialidad que sabes que te falta. He llegado a releer el libro con mirada inquisitiva con la vana esperanza de desenterrar la fórmula oculta que me otorgase un don que Antonio derrocha en cada párrafo. Por desgracia, y como me temía, no existen recetas mágicas. Se nace con el genio y sólo hay que encontrar el momento propicio para sacarlo a la luz. Y “La ley de los similares” demuestra mi certidumbre al respecto.

  2. La ley de los similares es una novela que me ha sorprendido gratamente. En honor a la verdad, tengo que decir, sin embargo, que esperaba sea un buen texto. Habiendo leído anteriormente cuentos de Antonio, comencé la lectura de la novela sabiendo que no iba a ser mala. Lo que no esperaba que sucediese es que no pudiera parar de leer, con una prosa fluida y una construcción de personajes que atrapa, resulta imposible abandonar el relato.

    A la altura de escritores ya consagrados, la pluma del autor fluye sobre la vida de personajes con los que uno, como lector, sufre o celebra. El relato logra que nos podamos sentir a la par de esos seres que llevan su vida lo mejor que pueden y, en algunos casos, de la peor manera. La referencia del título me parece un hallazgo que se descubre atravesando la lectura. Disfruté mucho la multiplicidad de narradores y las distintas miradas confluyendo en la misma historia. Mis más sinceras felicitaciones al autor y espero poder volver a leer sus textos pronto.

  3. Embajador de la literatura contemporánea española, Antonio Tocornal ha logrado una obra que rezuma ingenio, ironía y pinceladas de surrealismo. Crítica mordaz a las necedades y superficialidades del posmodernismo, La ley de los similares no duda, sin embargo, en sacar provecho formal a los recursos de la nueva era en el campo de las artes. Así, en el discurso, que trasciende las páginas de la novela, se entremezclan pasajes propios de una obra cinematográfica con el lenguaje poético, análisis de la realidad o reflexiones existencialistas.

    Siendo inevitable abordar el contexto de crisis, esta no es una reflexión más sobre ella, y sí sobre la sempiterna crisis de identidad del género humano; una tragedia moderna de la búsqueda de emociones y de sentido en la desalmada cotidianidad.

    Ágil, aguda y dinámica, La ley de los similares se devora con deseo y deja con ganas de más.

  4. Haber leído relatos de Antonio con anterioridad condiciona al iniciar la lectura de su novela. Se comienza con una idea preconcebida sobre lo que se va a encontrar, pero en pocas páginas olvidas los relatos y te dejas llevar fácilmente por el intercambio de correos deseando saber a dónde conducen. Pero en el trayecto el autor nos guía en un interesante viaje haciendo bueno el dicho de que lo importante es el camino.
    De su mano viajamos en el tiempo y cambiamos de continente. Viajamos a la cultura, incluso a estudios científicos. Viajamos al interior más secreto de los personajes, con sus temores, vergüenzas, esperanzas y odios. Viajamos a la cruda realidad social de la actualidad reflejada a pinceladas en cada historia que se entrecruza con la de los protagonistas.
    Una novela ágil, con humor, sin adornos ni artificios innecesarios, que también nos engancha con las propias reflexiones del autor y sus personajes. Por favor, no se pierdan el desenlace de los correos de ida y vuelta mientras escuchan las canciones mencionadas en la novela.

  5. Hace muy poco que escribo y hace muy poco también que conozco a Antonio, pero llevo toda mi vida leyendo, tal vez por eso ya distingo, cual chucho sagaz, su prometedor aroma a buen escritor. Eso, y que esa fragancia viene precedida por otros escritos suyos que ya he disfrutado. Lo concerniente a la novela ya lo habéis comentado, también se explica en la sinopsis, por esto a mí lo que me place realmente es compartir las sensaciones que me produjo al leerla.
    En ningún momento sentí que estaba disfrutando la obra de alguien que comienza, no percibí la vacilación dubitativa de los primeros pasos, por el contrario me sentí cómoda leyéndola y me sentí invadida por la seguridad de leer a alguien que sabe de qué habla, que sabe cómo contarlo. Y que se ha tomado mucho tiempo para hacerlo bien hecho. Hay magia en los comienzos de esta novela; podría, perfectamente, haberla escrito un García Márquez tumbado en una hamaca allá en los trópicos calurosos, o un Vargas Llosa montando en una canoa camino a un burdel regentado por una madame de labios de coral y pechos de miel. Esto es el comienzo, después Antonio nos lleva de la mano a lugares y situaciones cercanas a nosotros, a personajes cotidianos, a los que podemos tomar simpatía o repulsión, con los que podemos empatizar, con los que nos podemos identificar o no, incluso odiar, pero no nos dejarán indiferentes. Amor, desamor, viajes, rutina, pero sobre todo una actualidad rabiosa. Y no creo poder decir nada más sin que se me escapen spoilers, así que sólo os diré que me ha encantado y que me caiga un rayo si miento.

  6. A bote pronto, mi primera impresión es de que se trata de un libro muy bien escrito. Si una novela, en más de una ocasión, es como una cuádriga de caballos desbocados, en esta el narrador, el autor, gestiona con sagacidad e inteligencia todas las riendas que tiene entre los dedos.
    Personalmente, me gustaría recomendar su lectura.

  7. Acabo de terminar la novela. Supongo que cualquier lector habitual habrá sentido alguna vez esta sensación que yo tengo ahora, y que se puede sintetizar en “y ahora qué leo”. Ahora qué leo que no me parezca absurdo, o mal escrito, o totalmente ajeno. Esta novela me ha cautivado tanto que,como en los desamores adolescentes piensas que jamás sentirás lo mimo, ahora siento que jamás volveré a tener un libro tan extraordinario entre las manos.Me consuela el saber que ya me ha pasado esto en tres o cuatro ocasiones más y, por suerte, he tenido la oportunidad de volver a enamorarme hasta los huesos de un libro. Gracias al autor, y felicidades a la editorial por apostar por esta historia.

  8. Acabo de leer la primera novela de Antonio Tocornal, estoy segura de que la seguirán muchas más. Es una obra que destaca por su gran calidad literaria y la recomiendo sin dudar a todos aquellos que deseen prosperar en esto de escribir o a quienes, simplemente, deseen disfrutar de una buena lectura. Además, es una historia de rabiosa actualidad, pues pone de relevancia las miserias de la sociedad en la que vivimos y, más concretamente, las de nuestro país. Cuando califico este libro de “obra de gran calidad literaria” que nadie piense, erróneamente, que la novela está avocada a un público intelectual, nada más lejos de la realidad. Precisamente ésa es una de las cosas que a mí me parecen más difíciles al escribir: conseguir que lo profundo fluya fácilmente ante los ojos del lector, tornándose tan cristalino como el agua más pura. Y eso es lo que consigue Antonio en esta novela; su saber hacer es tan grande que tamaña hazaña parece hasta fácil. Es un libro de calidad, pero de lectura muy amena.

    En la reseña de la novela podemos leer: “La ley de los similares es una radiografía clarividente de la generación que creció durante la transición española; un drama agridulce con personajes cercanos, espiados en su intimidad, y relatada con grandes dosis de ironía y de humor. Una novela inteligente que despliega la rara habilidad de provocar en el lector la más profunda de las reflexiones y rubricarla con una sonora carcajada.”

    Pues bien, estoy de acuerdo, excepto en una cosa: la novela entera me ha invitado a reflexionar, paso a paso, escena a escena, pero en mi caso no ha habido carcajada que rubricara el final; me he descubierto sonriendo al tiempo que afloraba en mi interior un sentimiento de envidia muy, muy grande, enorme. Percibo que este libro es el fruto de un arduo trabajo y, también, de una inquebrantable pasión por las letras; desborda talento, pasión y dedicación por los cuatro costados. Mezclar todo ello, conseguir que todo fluya convenientemente (volviendo a la metáfora del agua), es muy, muy difícil. Antonio lo ha conseguido con matrícula de honor, de ahí ese sentimiento de envidia, y mi humilde admiración.

    Personajes:

    Los personajes reflejan a la perfección distintas caras de la realidad, porque está claro que todo depende del cristal tras el que se mira. Sin embargo, sin entrar en un análisis más minucioso que adelantara acontecimientos a los futuros lectores, me ha encantado la ironía de que aquellos personajes que en apariencia son más humildes, terminen siendo los más humanos e, incluso, los que destaquen por una inesperada erudición. Es el caso de Paco, el conserje, así como el del viejo comerciante de Venecia, aficionado escritor de palíndromos… ¡Qué personaje tan misterioso e interesante! Me he quedado con ganas de saber más de él. Otro personaje que me ha parecido interesante, del que pienso que podría dar para mucho más, es el de Charlie, el experto en cócteles.
    ¡Cómo he llegado a odiar a Álvaro! El típico adinerado sin escrúpulos, cínico y prepotente que cree que puede comprarlo todo con su dinero y que disfruta humillando a los demás. Aunque bueno, a todo cerdo acaba llegándole su momento, con perdón de los cerdos, jaja… Pili, la mujer superficial por excelencia, junto con Silvia, flamante propietaria de dos pechos por los que su marido pagó 12.000 eurazos, menuda inversión. El caso de esta última aún es peor, puesto que siendo una mujer instruida e inteligente opta por desarrollar su faceta más frívola, desechando la intelectual. La protagonista, Matilde, es su antítesis, así como Bernabé, el pusilánime tontolculo, antihéroe por excelencia, lo es de Álvaro.

    Por cierto, el principio de la novela, que a la vez es la presentación del personaje de Bernabé, es impagable. Me parece genial la idea de representarnos al personaje a través de su primera micción matutina; una metáfora cojonuda de su vida. Me permito copiar un fragmento: “ahora, la suya era una meada conformista, la parábola lánguida de un funcionario quincuagenario y acomodado, dibujada por la fuerza de la gravedad con trazo fino, como la fuentecilla de un jardín barroco semiobstruida por el caliche.” Es una forma muy original, y sin duda efectiva, de apresar rápidamente la atención del lector, que enseguida conecta con la historia y comienza a empatizar con este personaje tan aparentemente patético y digno de lástima. A lo largo de la novela Bernabé se convierte en un personaje entrañable e inolvidable precisamente por ser un antihéroe.

    Los hijos de Bernabé y Matilde representan a los jóvenes conformistas, carentes de ideales y valores, que prefieren relacionarse con amigos virtuales o que sueñan con alcanzar una posición de poder, sin importar lo que cueste ni sobre qué haya que pasar… Sin respetar siquiera a los propios padres.Aunque la historia es dramática, el tono irónico utilizado y los numerosos momentos cómicos consiguen aligerar la atmósfera narrativa y lees la mayor parte del libro con una sonrisa en los labios. El autor domina el tono irónico, lo que no es nada fácil.
    ¡Lo que me he reído con el episodio de los sellos! ¿Estará basado en un hecho real? ¡Y la lata de galletas con su contenido! ¡Y con las prácticas con la piernecita del niño Jesús! ¡Y con el botafumeiro y el cabrero! ¡Anécdotas impagables!

    Ya sé que me estoy enrollando mucho, pero quiero comentar una escena que me ha parecido muy interesante: cuando Bernabé encuentra al perro vagabundo. Ambos se miran, tristes, avergonzados, apaleados, luego apartan sus miradas y se apresuran a separarse. El perro se aleja y su sombra se alarga, crece, se refleja negra, muy negra, en los charcos de agua… Las sombras, las sombras que, irremediablemente, son parte de nosotros; las sombras de las que jamás podremos escapar. Una escena muy buena, repleta de matices.

    Opinión personal:

    La novela, en conjunto, me parece excelente, aunque hay una sola cosa que no me ha terminado de convencer. Se trata del capítulo 5, donde se nos explica en qué consiste la (absurda) ley de los similares. Comprendo que es una parte muy importante de la historia, de ahí el título del libro, pero creo que podría haberse recortado en extensión. Además, al encontrarme de repente con esta especie de ensayo, y es mi humilde opinión de lectora, he tenido la sensación de que el magnífico ritmo narrativo mantenido hasta el momento decaía, lo que es una lástima. Sin embargo, el ritmo se retoma sin problemas a continuación, lo que es genial. También me parece que el texto del artículo podría haberse diferenciado mejor utilizando comillas o letra en cursiva, para separarlo gráficamente del resto de la historia. Sí, he percibido que cambia el tamaño de la letra, pero ese cambio es mínimo. Según mi humilde opinión, el cambio se percibiría a simple vista si se hubiera utilizado cursiva. Aunque bueno, esto que comento es una nimiedad y se trata de una impresión mía muy personal. Tampoco me hagáis mucho caso

    Como he dicho anteriormente, recomiendo su lectura al cien por cien. Espero que la disfrutéis tanto como yo y que, tras leerla, os animéis a dejar vuestras impresiones.

    Enhorabuena una vez más, Antonio

  9. Gente, este libro es una maravilla. Me impactó muchísimo su lectura, (incluso emocionalmente) y el análisis de personajes es de lo mejor que he leído últimamente.
    El libro, a mi modo de ver, es de estilo costumbrista, pero ojo! No de costumbrismo “bucólico”. No, todo lo contrario.
    Es como pegarse un batacazo , un encontronazo doloroso con la realidad, y darse cuenta que todas las personas, todas , tienen sus problemas y miedos, sus vicios y virtudes, aunque unos vayan alardeando de unos y otras, y otros pasen por la vida “callandito”, como quien no quiere molestar.
    Por otro lado, hay puntos de humor realmente genuino que te hacen reír a carcajadas.
    Yo lo resumiría como una tragicomedia, en el sentido más amplio de la palabra.
    Un placer para leer y también para tomar ejemplo de cómo escribir bien.
    Felicidades.

  10. Tengo un banco reservado en una zona ajardinada donde acostumbro a sentarme a leer mientras, con el rabillo del ojo, contemplo a mi perra retozar en la hierba. Allí he leído La Ley de los Similares, en ese lugar comencé la singladura casi al mismo tiempo que Mariano Bermúdez embarcó en el buque Elvira rumbo a nuevos mundos. Y siguiendo la estela de su barco he ido navegando por las páginas del libro hasta llegar a puerto.

    En la travesía, como he dicho, me acompañaba Becky, mi magnífica Golden Retriever, que es capaz de identificar en mí cuantas sensaciones despiertan los libros que leo junto a ella. Y leyendo La Ley de los Similares es cuando Becky ha podido captar en mí un mayor número de emociones.

    El relato de la vida de Bernabé Bermúdez (que no es otra cosa que el relato de cualquiera de nuestras vidas), da para experimentar muchas sensaciones, según nos coloca frente a la soledad, la frustración, la impostura, la vaciedad en la que instalamos muchas veces nuestra vida. Con ese material, el autor podría haber optado por dinamitar el ánimo del lector y reventarle las entrañas del alma. Pero Antonio Tocornal ha sabido conjugar con maestría las posibilidades que ofrece el sentido del humor para conjurar la desdicha.Y así, de este modo, el libro nos produce una abierta sonrisa en más de una ocasión. Ya digo que la variedad de sensaciones que despierta su lectura dan para cubrir un abanico. Y por eso tanto Becky me miraba circunspecta y preocupada cuando Bernabé arrastraba su alma por el suelo, como movía la cola y salía corriendo al observarme en actitud hilarante leyendo algunos pasajes de la historia.

    Ese juego de las emociones que hace posible La Ley de los Similares es uno de los más logrados artificios del autor.

    Sentado en el banco, leyendo a Antonio Tocornal, he tenido la sensación de releer al maestro, don Álvaro de la Iglesia. Y así como él supo burlar a la miseria que habitaba los años de nuestra posguerra española espolvoreando sobre ella su finísimo sentido del humor, así Antonio Tocornal ha sabido conjurar la aflicción de nuestra época con grandes dosis de sarcasmo que, lejos de resultar petulante, se convierten en un necesario solplo de aire fresco.

    Pero también Becky pudo contemplar en mi rostro la relajación de los rasgos que tan magistralmente suele producir don Enrique Jardiel Poncela en mí, porque bien podrían ser suyos algunos de los pasajes de La Ley de los Similares. El dramaturgo no habría tenido empacho en desahogarse con alguna de las escenas que Antonio nos propone en su libro y que, haciendo también guiños a Álvaro de la Iglesia, nos ofrecen momentos tan deliciosos como estos:

    «El día de la boda, en el altar, después de que el párroco oficiante le hiciera la pregunta crucial: «Virtudes, ¿quieres a Mariano como legítimo esposo y prometes serle fiel en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, todos los días de tu vida, hasta que la muerte os separe?», Virtudes se quedó muda y miraba alternativamente al sacerdote y a Mariano con seriedad y preocupación. Al cabo de unos minutos de incertidumbre y ante la expectación del público congregado, Mariano se acercó a don Severino, el cura, y le dijo unas palabras al oído.

    El sacerdote negoció con él durante unos segundos. Don Severino no quería que desluciese el espectáculo de la boda de un feligrés pudiente, así que formuló de nuevo la pregunta con una variante: «Virtudes, ¿quieres a Bermúdez como legítimo esposo…?». A Virtudes se le iluminó el semblante, se le dibujó una sonrisa de alivio y contestó: «A Bermúdez sí».
    ―Diga «sí, quiero» ―repuso el cura, algo irritado.
    ―Que sí, que sí que quiero ―replicó ella.
    ―Pues no se hable más ―dijo el sacerdote―. Yo os declaro marido y mujer.»

    Otro pasaje del libro, la escena en la que la familia Bermúdez rehúsa reutilizar el ataúd del padre incinerado (porque un ataúd es como un preservativo) bien podría haberse incluido en la obra de Jardiel Poncela “Morirse es un error”.

    Y tampoco hubiera desencajado tanto alguno de los títulos de don Álvaro de la Iglesia como nombre para esta obra que hoy presentamos:

    “Sólo se mueren los tontos”, “Los que se fueron a la porra”, “Una larga y cálida meada” o “Medio muerto nada más” hubieran sido títulos que habrían venido como anillo al dedo.

    Pero como Antonio Tocornal es un hombre del siglo XXI, también se deja atrapar por ese género de literatura existencialista moderna que, combinando la reflexión vital con el absurdo, es capaz de ofrecernos algo parecido a un flotador al que asirnos para intentar comprender algo de esto que llamamos vida. Y aquí Becky se echa sobre el suelo y descansa mirándome con sus ojos de profunda melancolía; porque intuye a Murakami.

    Si la ficción de Haruki Murakami se tiñe de surrealismo para explicar su particular visión de la vida, de la alienación y de la soledad, Antonio hace bueno el ejercicio de surrealismo que constituye el intento de explicar las relaciones humanas bajo principios homeopáticos. Todo un alarde de valentía del que Antonio sale indemne tras sumergirse en laberintos parecidos a los que transita Murakami en “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”.

    La Ley de los Similares nos invita a la reflexión, nos hace sentirnos identificados con ese Bernabé que todos llevamos dentro pero, sobre todo, nos hace un favor al descubrirnos que la rutina y lo vivido hasta ahora pueden contener el paradójico rostro amable del flotador que nos salve.

    Sólo discrepo con el autor cuando nos asegura que los buenos aficionados al jazz encuentran delicioso acudir a un garito para oir a los músicos apostando sobre seguro al interpretar conocidos standars. Algunos aficionados al jazz encontramos mucho más sugerente sentirnos sorprendidos por nuevas propuestas musicales.

    Del mismo modo, La Ley de los Similares huye del relato standard para convertirse el algo mucho más arriesgado, en una propuesta distinta y original .

    Por eso a Becky y a mí nos ha gustado tanto este libro.

  11. Novela refrescante, repleta de sensaciones en apariencia básicas, pero que al fin y al cabo, son el cemento de nuestra existencia.
    Lo mejor de Landero, Millás, Cortázar o Garcia Marquez, se adivinan en las lineas de Tocornal, a su vez repletas de originalidad e ironia.
    Al despedirme de él en Lucena, de soslayo, le comenté que “dariamos las quejas de su novela a alguien cercano y querido para él que reside en mi ciudad”. Me equivoqué: No hay queja alguna.
    Si una pregunta: ¿ Para cuando la próxima ?????

    Un abrazo

  12. A todos los que os ha gustado este libro, como a mi, os dará envidia saber que, conociendo muy de cerca al autor su vida y su obra, la novela, los relatos, y todo lo que vendrá, alcanzan un significado aún más sublime que el que trasciende de su mera lectura. Me he cruzado con pocos genios, pero al menos les he reconocido. Antonio es uno de ellos y conocerle a través de su obra es una prometedora posibilidad para quienes no le conoceis personalmente. Gracias a mis amigos Mario y Rafael por sus referencias y comentarios y gracias a Antonio por seguir siempre con ese ansia por transmitir de mil maneras sus emociones y pensamientos, cosa que borda con pluma, baqueta o pincel, consecuencia lógica de su natural como artista introvertido. El libro es, simplemente, de cabecera, para releerlo cada poco y seguir sacándole el jugo que, en tan escasas páginas, Antonio ha podido condensar el trabajo de dos años de perfeccionismo cuasi neurótico.

  13. Estimado amigo Antonio:

    Ante todo, tengo que decirte que me produjo una gran satisfacción el haberte conocido personalmente.

    Eres de esas personas cercanas, que por sí mismas transmiten la confianza suficiente como para entablar cualquier tipo de conversación. Me sentí muy a gusto y eso es de agradecer, a parte de lo amena que fue la presentación, nada que ver con otras en las que el protagonista se extiende hasta la saciedad, y en la que más de un bostezo asoma liviano, también tengo que agradecerte lo atento que estuviste, tanto conmigo como con mi esposa, y tu facilidad para dejarnos tan buena impresión como persona, más allá de tu faceta de escritor completo y muy bueno por cierto.

    En cuanto a la obra a tratar; te diré que haciendo caso de tu consejo de leerla antes de escribir cualquier crítica, he sido bastante cauto, pues conforme la leía, se me salían las ganas de compartir un texto tan magnífico.

    Ahora ya la he terminado; bueno, en realidad la terminé el mismo fin de semana, pero debido a un problema técnico –si así se puede llamar un jodido virus informático–no he podido hacerlo hasta ahora.

    Desde luego la historia engancha desde el principio, pero eso ocurre con bastante asiduidad, lo que no suele ocurrir es que además de ser amena, ingeniosa y muy legible, sea tan ocurrente y apasionante.

    Es crítica y eso es de agradecer, es cotidiana y eso es cercana, pero sobre todo es literatura de la buena. Me puedo considerar una persona afortunada por tenerla en mi poder y poder disfrutar de ella, cada vez que sienta la necesidad de aprender algo. Ya sabes que me considero un alumno eterno.

    Puedo decir que “La ley de los similares” quedará poco tiempo en mi estantería, pues más bien andará entre la mesita de noche, el cuarto de baño y la mesita baja al lado del sofá.

    Me imagino que te habrá salido de chiripa, como se dice por aquí, por lo que más que admirarte a ti, admiro tu obra. jajajajajaja.

    No es cierto, creo que detrás de una gran obra, hay ante todo un gran maestro, que antes ha sido un gran alumno.

    Me he apresurado a escribir mi crítica antes de que se convierta en un bestseller y ya no estés a mi alcance. jajajajaja

    Desde mi humilde opinión, creo que pocas obras son tan entretenidas, a pesar, y digo esto con respeto a muchos maestros, de que rebosa literatura por los cuatro costados.

    Un saludo Antonio.

    Te deseo mucha felicidad, esa que solo merecen las buenas personas como tú.

    Un abrazo.

  14. Maravillosa novela. Acabo de terminarla y he quedado completamente impresionada. Los primeros capítulos están narrados al más puro estilo García Márquez. Aparecen descripciones minuciosas con ese tonillo caricaturesco de lo mágico maravilloso. El narrador nos adentra al instante en El Nuevo Mundo: sus muelles carcomidos, sus selvas infatigables, sus mares y miserias; las ansias de los españoles por huir a Las Américas y escapar así de las guerras y la hambruna. Pero no se engañen, esto es sólo un espejismo introductorio: de los años cuarenta pasamos en cuestión de unas páginas a la actualidad: al hijo de este aventurero que nada tiene que ver con él. Como dice la sinopsis: Bernabé, el protagonista, es un tontlculo que no ha heredado la garra, la pasión ni el ingenio del padre. Es la historia de un hombre que vive en la apatía y la desgana, y que necesita urgentemente hacer algo para darle algo de sentido a su vida. Se trata de una narración fluida que engancha desde el primer momento. Una novela que está repleta de reflexiones interesantes sobre la idea del nido vacío, el miedo a la soledad, y la soledad en sí misma; hace una descripción muy precisa de las clases sociales media-altas, y el boom inmobiliario; entre otros temas como: la trivialidad del mundo superficial, el miedo, las relaciones virtuales, la crisis de la mediana edad, las indecisiones, la prostitución, el amor, la familia y los hijos. Pero sobre todo y más que la historia en sí misma, destacaría su exquisita narrativa: está escrita con mucho detalle y cuidado. Las comparaciones son impactantes, las metáforas seleccionadas con precisión, las descripciones muy visuales, los diálogos extremadamente realistas… Y eso teniendo en cuenta que es la primera novela de Antonio Tocornal. Increíble. La historia se basa en una ley, bastante absurda, que dice que lo similar cura lo similar, y de ahí el título. Pero no quiero adelantarme a acontecimientos. Simplemente de aquí os la recomiendo con toda tranquilidad y seguridad. Os lo aseguro: no aburre en ningún momento; todo lo contrario: es apasionante, te hará pensar y meditar sobre ciertos aspectos de la vida. Además de que ofrece imágenes muy graciosas y te verás riendo delante del libro una y otra vez. Una novela impresionantemente bien escrita.

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